El sector inmobiliario no tenía un problema. Tenía cinco, y todos convivían al mismo tiempo.
El más evidente era el tiempo. Cada tasación exigía que un agente entrara a los distintos portales uno por uno, descargara la información disponible, la volcara a un Excel y construyera a mano el análisis comparativo de mercado. Cuatro o cinco horas de trabajo administrativo para producir un número que el mercado podría desmentir al día siguiente.
El segundo problema era la fragmentación de herramientas: una inmobiliaria mediana pagaba por separado su CRM, su módulo de análisis comparativo, sus suscripciones a ChatGPT o Gemini y su presencia en cada portal. Cuatro o cinco contratos que no se hablaban entre sí. El tercero era la gestión de leads: la consulta que entraba a las nueve de la noche por Instagram quedaba sin respuesta hasta el lunes, cuando el cliente ya había escrito a cuatro inmobiliarias más.
El cuarto era el matching: cuando una inmobiliaria tenía un cliente buscando algo fuera de su cartera, la solución era tirar el pedido en un grupo de WhatsApp y esperar. El quinto era la toma de decisiones de inversión, que se respondía con experiencia y percepción, no con datos. Ninguno de estos cinco problemas tenía solución en una sola herramienta. Hasta que InmoRadar decidió construirla.
Gonzalo Ruiz llegó al proyecto con dieciocho años de experiencia gerenciando equipos comerciales en pymes y multinacionales, incluyendo siete años posicionando Blackberry en Argentina. Ignacio Jury es ingeniero industrial egresado de la Universidad Nacional de Córdoba y trabajó durante diez años en la CONAE, donde fue project manager responsable de la puesta en órbita de dos satélites argentinos. La combinación de ambos perfiles —lo comercial y lo técnico— definió la lógica del producto: una plataforma pensada desde el dolor del mercado, construida con criterio de ingeniería.
Hace un año, sobre la convicción de que la inteligencia artificial había llegado para quedarse en cualquier rubro, desarrollaron InmoRadar con capital propio. Lo que empezó como un dashboard de mercado con tasación se fue expandiendo a medida que las inmobiliarias pedían más: cada nuevo módulo respondió a un dolor real que el sector verbalizaba.
InmoRadar es un ecosistema de inteligencia inmobiliaria construido íntegramente sobre IA y automatización. Su premisa de diseño no fue agregar funciones a una herramienta existente, sino reemplazar el conjunto de herramientas dispersas con una plataforma unificada que opera en tiempo real sobre datos depurados.
El diferenciador más contundente es la tasación automatizada. La plataforma combina el análisis comparativo de mercado con la tabla de depreciación ROS, que incorpora antigüedad y estado del inmueble. El resultado llega en menos de treinta segundos: un informe completo, personalizado con el logo de la inmobiliaria. Para garantizar precisión, el sistema analiza entre cuarenta y cincuenta mil datos extraídos de los portales y los depura con IA para eliminar duplicados y precios distorsionados. La efectividad, validada sobre más de cien casos, alcanza el 98%.
El módulo de mercado muestra mapas de oportunidades con las propiedades que bajaron de precio, el valor del metro cuadrado por barrio y el comportamiento histórico de cada zona. Para inversores, genera un ranking de oportunidades según variables priorizables (cercanía a centros de salud, universidades, seguridad). La automatización comercial resuelve el lead que se enfría: el bot opera 24/7 en web e Instagram, califica al cliente y agenda visitas por Google Calendar.
El CRM unifica seguimiento de leads, publicación simultánea en Zonaprop, Mercado Libre y Argenprop, gestión de contratos y dashboards de performance. La funcionalidad más innovadora es el matching inmobiliario: un algoritmo que cruza automáticamente la demanda de los clientes de una inmobiliaria con el stock publicado por todas las suscriptoras. La plataforma ya opera en Córdoba capital y provincia, se expande hacia Buenos Aires y está próxima a un acuerdo con el Colegio Inmobiliario de Córdoba (más de ocho mil matriculados).
El impacto más medido es el del tiempo. Una tasación que demandaba entre cuatro y cinco horas hoy se resuelve en treinta segundos, con 98% de efectividad verificada en más de cien casos de prueba y más de quinientos casos de éxito acumulados en el mercado cordobés. Esas horas liberadas se reasignan a prospectar, captar propiedades y fidelizar clientes.
El contraste con el mercado preexistente es el segundo argumento. Donde las inmobiliarias pagaban cuatro o cinco contratos separados, InmoRadar ofrece un ecosistema único. Donde la colaboración dependía de un grupo de WhatsApp, hoy hay un algoritmo de matching. Donde las decisiones de inversión se tomaban por percepción, hoy hay un ranking generado por IA con variables objetivas.